Extremadura y la palabra

Unos días. No unos años, o unos meses al menos. No. La palabra de Feijóo en Extremadura, y la de su candidata allí, María Guardiola, ha caído en la cotización de la fiabilidad como lo hacen algunas criptomonedas de medio pelo. Cero absoluto. Quiebra y caos.

Guardiola, que durante unas horas parecía Juana de Arco contra el invasor VOX, rindió por fin la plaza. Se tragó sus palabras, sus amenazas con dimitir si tenía que gobernar con VOX, sus alegatos de cartón piedra… mientras Feijóo miraba hacia otro lado y sentenciaba que había que pactar un gobierno con los ultras, sí o sí. Y eso que hace pocos días lo que decía era no y no.

Y hablaba de tantos por ciento para dejar entrar a VOX en los gobiernos, y decía muchas cosas que quedan para la hemeroteca y la vergüenza. A la hora de la verdad, Feijóo es un títere en manos de la ultraderecha. Un presidente del PP débil, llegado a la planta noble de Génova tras una asonada interna contra Casado, cuyo liderazgo está más que entredicho. Su negativa a debatir, por ejemplo, provoca miradas de reojo entre mucha gente en el PP.

Se empieza a notar que teme a Sánchez, y saben que eso no es bueno para sus intereses. Este modo de hincar la rodilla ante los ultras, tampoco provoca sosiego precisamente.

Se esfumó la palabra en Extremadura, y pesaron más los sillones. La lista más votada, tabarra habitual de Feijóo, pasó a mejor vida. Todo sea por la poltrona. Feijóo, que estaba acostumbrado al coche oficial en Galicia y a la corte de pelotas, echa de menos que le soben la espalda.

Añora los tiempos de las genuflexiones ante su paso como gran capo de la política gallega. Llegó a Madrid, y ya no es lo mismo. Por eso hará lo que sea, pactará con ultras, tránsfugas o chaqueteros con tal de volver a lamer esas mieles del poder que tenía en Galicia. Tantos años haciéndolo provoca una adicción que lleva aparejado un síndrome de abstinencia terrorífico cuando se pierde. Quizá por eso confunde la tabla del dos.

Quizá por eso huye de los debates como de sus fotos de veraneo en yates poco recomendables. Quiere el poder, sin bajar del coche. Como antaño. El problema es que ahora tiene enfrente a Pedro Sánchez, a todo el PSOE y a los progresistas de este país. Y somo más.

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