Cuando Alberto Núñez Feijóo habla con claridad, lo que aparece siempre es el mismo proyecto: recortar derechos.
El lunes fue contra el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo. El martes, contra los trabajadores y su derecho a una baja laboral. El miércoles, contra las personas en situación de dependencia. No fueron lapsus. Tampoco frases sacadas de contexto. Ni errores de comunicación. Fueron decisiones políticas. Cuando Alberto Núñez Feijóo habla con claridad, lo que aparece siempre es el mismo proyecto: recortar derechos.
Poco a poco se va confirmando cualquier duda sobre cómo sería una España gobernada por el PP y Vox después de 2027. Ya conocemos la «prioridad nacional» pactada con Abascal, el cuestionamiento de la regularización de personas migrantes, los ataques a la Ley de Memoria Democrática o las teorías conspirativas sobre la Ley de Nietos. Esta semana simplemente han caído nuevas piezas del puzle. El retrato ya está prácticamente completo.
La llamada «ley del concebido no nacido» que Feijóo quiere extender a toda España después de haberla impulsado en Galicia, no busca únicamente ampliar ayudas familiares. Persigue introducir en nuestro ordenamiento la vieja tesis del movimiento antiabortista: equiparar jurídicamente al feto con quien ya ha nacido. Es otra forma de limitar el derecho de las mujeres a decidir libremente sobre su maternidad.
Después llegó el turno de las bajas laborales. Feijóo no confundió la incapacidad temporal con el absentismo. La mezcló deliberadamente para estigmatizar a millones de trabajadores y preparar el terreno para justificar futuros recortes. Una baja médica no la concede un trabajador. La prescribe un profesional sanitario. Criminalizar a quien enferma es una forma de debilitar un derecho laboral conquistado durante décadas de diálogo social.
Y, mientras tanto, también votaron en contra de la protección de las personas en situación de dependencia. Porque el denominador común siempre es el mismo: allí donde hay un derecho, el Partido Popular encuentra un derecho que limitar.
Durante años, Feijóo intentó construir la imagen de un dirigente moderado. Hoy ya no queda rastro. Su facilidad para pactar con Vox no responde a una necesidad parlamentaria, sino a una coincidencia en su proyecto político ultra. Vox marca el camino, Ayuso normaliza el discurso y Feijóo lo convierte en programa. La prioridad nacional, los ataques al derecho al aborto, la criminalización de las bajas laborales o el cuestionamiento de la dependencia no son concesiones a la extrema derecha. Son la demostración de que el líder del PP ha asumido buena parte de su agenda ultra.
Los socialistas seguiremos defendiendo exactamente lo contrario. El derecho de las mujeres a decidir. El derecho de los trabajadores a ser protegidos cuando enferman. El derecho de las personas dependientes a recibir una atención digna. Porque la política consiste precisamente en eso: en ampliar derechos, no en restringirlos.



