Una España abierta, cohesionada y orgullosa de lo que es. Esa es la España que merece la pena. Y esa es la España que estamos construyendo.
Cada formación política elige cuáles son sus prioridades a la hora de dibujar un proyecto político para su país, su región o su ciudad. Estas semanas, tanto PP como Vox nos han dejado claro cuáles son las suyas con sus pactos en Aragón y Extremadura: el odio, la fractura y el desmantelamiento de lo público son los principios que rigen la mal llamada “prioridad nacional” firmada por ambos partidos en sus acuerdos autonómicos. Estas son las únicas propuestas que la derecha es capaz de ofrecer a la sociedad española: odio, división, discriminación.
Los socialistas tenemos bien claro que nuestras prioridades nacionales son otras: la convivencia y la paz frente a la fractura y la guerra, el acceso a la sanidad pública y universal, un sistema educativo que sirva como palanca social, el empleo de calidad frente al paro o la precariedad, pensiones, dependencia, vivienda digna… Nuestras prioridades como organización política están alineadas con las prioridades de la ciudadanía. Es por ello por lo que sí podemos decir que son verdaderas prioridades nacionales.
Pero es que, además, la mal llamada prioridad nacional de PP y Vox podría denominarse falacia nacional. Si algunos servicios públicos están colapsados no es por culpa de la población migrante. Está más que demostrado que hacen un menor uso de los mismos y que su aportación al crecimiento económico de nuestro país está siendo clave en los últimos años. Los servicios públicos están colapsados porque los gobiernos autonómicos dirigidos por la derecha ultraderecha y la derecha ultra han decidido perdonarle a los ricos suntuosas cantidades de impuestos que deberían ir para financiar unos servicios públicos que son de todos. La prioridad nacional del PP y Vox es prioridad patrimonial. Para ellos y para sus amiguetes.
Eso sí, que a nadie le quepa duda que la ultraderecha irá achicando el término nacional. Y el PP lo firmará.
Hoy, los únicos excluidos de su significado son la población migrante, pero mañana lo serán las mujeres, el colectivo LGTBI, los hablantes de lenguas cooficiales, aquellos que no piensen como Vox y el PP. O les paramos ahora o llegará el día en que en el término nacional no cabrán ni algunos de los de Feijóo, por mucho que lo estén asumiendo como una propuesta propia. El racismo que Vox propone y el PP comparte nos afecta a todos, y es obligación de todos pararlo antes de que sea demasiado tarde.
Porque la llamada “prioridad nacional” de PP y Vox no es una prioridad. Es un retroceso. No es una solución. Es un problema. La verdadera prioridad nacional es otra: una España que garantice derechos, que proteja a su gente, que mire al futuro con ambición y que no deje a nadie atrás. Una España abierta, cohesionada y orgullosa de lo que es. Esa es la España que merece la pena. Y esa es la España que estamos construyendo.



